martes, 25 de noviembre de 2008

Violencia institucionalizada: Somalia como ejemplo

Ayer, 25 de noviembre, se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En 1999, la Asamblea General de Naciones Unidas, emitió la resolución 54/134 en la que manifiesta su preocupación por la desigualdad que, a escala global, reina todavía entre hombres y mujeres, e invita a los gobiernos y otras instituciones y organismos a llevar a cabo actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las mujeres.

Ni en este día ni en ningún otro del año debemos olvidar la violencia que se ceba especialmente en las mujeres en zonas deprimidas o en conflicto, pero conviene analizar este hecho desde un punto de vista más amplio que el centrado únicamente en las diferencias de género. Las injusticias y violaciones de los derechos de las mujeres que se dan en muchos países, son un síntoma de una sociedad desigual a todos los niveles, en las que las arbitrariedades contra sus ciudadanos son una norma, por lo que estos abusos extremos no pueden entenderse de forma aislada.

Un ejemplo para ilustrar la importancia de promover sociedades estables para lograr una igualdad que abarque a todos es el asesinato de la niña somalí, Asha, lapidada hasta la muerte por 50 verdugos, con el beneplácito de los líderes políticos y militares. Asha fue violada por tres hombres de uno de los clanes más poderosos de Somalia, a los que denunció ante el tribunal islámico. Cuando sus agresores la chantajearon para que retirase la denuncia, ellos mismos procedieron a denunciarla por adulterio. Sin defensa alguna, sin que la visitase un médico, sin pruebas, Asha fue presentada ante un pseudotribunal con conocimientos legales nulos como "prostituta de 24 años, bígama, adúltera". Quienes intentaron interponerse entre sus asesinos, cuando estos la colocaron en un agujero y la cubrieron con un capuchón, fueron detenidos a tiros. Este suceso vergonzoso, inconcebible en una sociedad basada en el derecho y la justicia, es un ejemplo del modo en que, cuando las injusticias quedan sistemáticamente impunes y se convierten en norma, la violencia se institucionaliza y se ceba con más saña en los más desamparados, como Asha, refugiada keniata, mujer y niña.

Para esta institucionalización de la violencia, en la que los derechos humanos no existen, el ejército, el gobierno y los integristas islamistas se sirvieron de supuestos mandamientos religiosos, que utilizan y falsean a su antojo. La lapidación, que no menciona el Corán, sirve a líderes políticos que se basan en el hadith, tradiciones orales sobre la vida y obra del profeta Mohammad, escritas décadas después de su muerte, como carta blanca para sus abusos, como menciona Layth Al-Shaban, portavoz de la asociación Musulmanes Progresistas y coautora de QURAN, A REFORMIST TRANSLATION. Sire Sheikh, responsable de EHAHRDP, recuerda que hasta hace poco el Islam practicado en Somalia era moderado, algo que ha ido cambiando a pasos agigantados a medida que la inestabilidad del país ha ido creciendo y sirviendo para legitimar cualquier tipo de abuso.

Este ejemplo ilustra cómo las sociedades en las que impera la inestabilidad política y económica son terreno abonado para injusticias de todo tipo, que se ceban en los más débiles. Esto nos lleva a la conclusión lógica de que sólo mediante un enfoque integral basado en el fortalecimiento de las instituciones que garantizan los derechos de todos los ciudadanos, y con la educación en valores y derechos humanos como base, se pueden desarrollar sociedades en las que la igualdad entre mujeres y hombres sea una vertiente natural y lógica de una igualdad más amplia, entendida independientemente del género, posición socioeconómica, religión o ideología.

2 comentarios:

Marian dijo...

Cuando te leo, te oigo...tu voz es un manifiesto. Espero encontrar un camino en el que mis palabras no se desvanezcan, en el que yo crezca sobre ellas, y en el que se acompañen de otras voces femeninas y masculinas, jóvenes y viejas, de distintas lenguas e imaginarios. Espero...

Leila Nachawati Rego dijo...

Tienes muchas y muy buenas ideas, Marián. Encontrarás pronto tu cauce, estoy segura.