miércoles, 30 de julio de 2008

Capoeirarab - Capoeira en Siria

Hoy me gustaría compartir una iniciativa solidaria que he vivido muy de cerca durante mi estancia en Siria este verano.

Cada año paso las vacaciones en Damasco, la ciudad natal de mi padre, pero esta vez, además de visitar a mi familia, tenía un objetivo: conocer de cerca el proyecto del que Tarek al-Saleh, mi amigo alemán de origen sirio, me había hablado tanto. Lo que me encontré al llegar superó con creces las expectativas que me había creado. Tarek, que lleva desde el 2006 viviendo en Siria, consigue cada día nuevos logros para el proyecto que ha bautizado como “Capoeirarab”.

“Capoeirarab” es una escuela-taller de capoeira que Tarek ha creado junto con su socio Musa Mokraoui, argelino que posee una historia personal fascinante: En 1991 huyó de la guerra civil entre el gobierno y grupos islamistas en Argelia, y encontró refugio en Alemania. Allí formó un nuevo hogar y encontró su verdadera pasión: la capoeira, que empezó a practicar en gimnasios y que le llevó a Brasil, donde entrenó hasta convertirse en maestro. Cuando Tarek, dueño de un gimnasio en Colonia y profesor también de capoeira, lo llamó para pedirle su colaboración para dar a conocer esta disciplina en Siria, a Musa le entusiasmó la idea y le ofreció ser su socio.

Ambos, con la ayuda de cada vez más amigos, iniciaron en Damasco las clases de esta disciplina hasta ahora completamente desconocida, y de los primeros alumnos, casi todos extranjeros, que se inscribieron en la clase, la escuela ha ido creciendo hasta contar con cientos de participantes, la mayoría de ellos sirios, de distintas procedencias y circunstancias.

Además de los adultos a los que imparten capoeira, y niños de escuelas americanas y europeas en Siria que incluyen esta práctica como actividad extraescolar para sus alumnos, “Capoeirarab” está abierta para niños menos privilegiados, a los que se entrena gratuitamente.
Cada semana Rula Almaliki, una joven siria que en cuanto supo de la escuela se puso en contacto con Tarek para ofrecerle su ayuda, recoge en autobús a niños de los mujayyam palestinos e iraquíes (barrios de refugiados a las afueras de Damasco) y los lleva al pabellón donde Tarek y Musa les enseñan durante dos horas la música, los instrumentos, el ritmo y los movimientos que componen la capoeira. “No se trata sólo de un deporte”, coinciden Musa y Tarek, “capoeira es comunicación, es ritmo, es concentración y armonía, alegría y riesgo. Es mirar a los ojos de tu contrincante y anticiparte a sus movimientos, coordinarte y armonizarte con él”.


Sin duda el efecto de las clases en los niños se hace visible con apenas asistir a unos minutos del entrenamiento. En su mayoría niños traumatizados, huérfanos o hijos de padres encerrados en cárceles israelíes o iraquíes, encuentran en las clases un foro de expresión y encuentro con otros niños, un lugar donde jugar en una ciudad donde no abundan los espacios para el deporte y los juegos infantiles, especialmente escasos en los barrios más deprimidos.

La situación extrema de estos alumnos hace que la mayoría reciban las clases en pantalón vaquero, por no disponer de ropa deportiva, aunque es probable que esto cambie a partir de ahora porque hoy Tarek me ha dado una buena noticia: después de meses intentando recaudar fondos para ropa y transporte para los niños de los mujayyam, ha conseguido el apoyo de los delegados de UNICEF en Siria. El apoyo es más que necesario, ya que cada vez más asociaciones sirias lo contactan para pedirle que imparta clases a un mayor número de niños desfavorecidos. El último logro: llevar la capoeira a la prisión de menores de Damasco.

Por encima de las clases en sí mismas y lo que aportan a quienes participan en ellas, “Capoeirarab” ha creado toda una red de personas muy diversas que difícilmente habrían entrado en contacto de otro modo. Sirios y extranjeros de todas las procedencias, adultos y niños, privilegiados y desfavorecidos, entrenan juntos, cantan, tocan instrumentos, se conocen y entablan amistades. Cuando Tarek o Musa no dan abasto, algunos de sus alumnos avanzados se prestan a practicar con los niños, ayudando a extender a lo largo de Siria esta disciplina que busca liberar el espíritu y agudizar los sentidos.

Mi compañera de viaje, Fernanda, y yo, hemos seguido de cerca las actividades de “Capoeirarab” durante este mes, registrando todo lo que podíamos con el objetivo de hacer un documental sobre el trabajo de esta escuela, un trabajo enormemente gratificante para quienes participan en él y quienes tuvimos la suerte de acompañarlos durante unas semanas. Aquí podéis ver uno de los vídeos en que los niños palestinos practican capoeira en un campamento de verano.



Continuaré añadiendo fotos y vídeos del material que hemos ido recopilando, y os animo a visitar la página de Tarek y Musa: http://www.capoeirarab.com/

1 comentario:

fouad dijo...

fouad lafdaoui
la verdad se siente una gran alegria a lo hora de ver la alegria de nuetros niñ@s y se siente una victoria para los que les interesa el bien estar de la niñez en general a la hora de ver el cultivo de sus compañeros en todo el mundo.
siguimos protegiendo la niñez y defendiendo el derecho de eso inocente creatora.