domingo, 5 de diciembre de 2010

De controladores aéreos y linchamientos

Circo romanoAlineación al centro

Reconozco que hasta ahora no conocía bien las tremendas tensiones entre el gobierno y los controladores aéreos. Cuando una amiga me llamó desde el aeropuerto, desesperada porque llevaba 10 horas esperando a meterse en un avión para unas merecidas vacaciones que había planeado durante todo el año, intenté informarme y entender qué estaba ocurriendo.

En la televisión salían afectados quejándose del caos que eran los aeropuertos. Entre los viajeros, casos dramáticos de personas que no llegaban a un entierro, de órganos que no llegaban a tiempo para el transplante... Todos lo hemos visto. Lo natural era la empatía con esas voces que piden castigo para los culpables. Pero el Gobierno acudiendo a salvar la patria del caos en que estaba sumida me recordó a otros estados de sitio que conozco bien y me dio tan mala espina que hice un esfuerzo para informarme mejor y encontré, después de mucha lectura de apoyo al Gobierno en los grandes medios, esto:

"Controladores aéreos: el triste declive de Zapatero" es el análisis de Gorkarabela, que sin justificar la actitud de los controladores ayuda a entender los intereses que se ocultan (y tampoco es que se oculten mucho) tras esta crisis.

"No controles", el análisis de un guionista que, tras 17 horas tirado en un aeropuerto, decide informarse de todo lo que hay tras esta huelga. Recomiendo leerlo de principio a fin, es divertido, constructivo y se pone, como debe hacer un buen guionista, en la piel de todos los personajes. Leerlo me ha ayudado a entender lo que, aunque es difícil verlo cuando algo nos toca muy de cerca, es bastante evidente: El gobierno quiere privatizar AENA y nada mejor que una campaña de desprestigio a los controladores para justificarlo.

Después de informarme, me pregunté cómo es posible que no hubiese visto esto antes. También me pregunté cómo han podido los controladores caer en esta trampa que los deja como unos desalmados, quitando a medio país una de las ilusiones que le quedan y dejando a muchos en situaciones realmente dramáticas. Inevitable la comparación con los médicos: ¿abandonaría un médico a sus pacientes en una situación así? Fácil se lo han puesto a quienes buscaban demonizarlos y el editorial de hoy de El País lo deja más que claro:
"El Gobierno se impone. Una vez doblegado el desafío de los controladores, el sector debe ser reformado de forma inmediata."
Pero más allá de los errores y las manipulaciones de unos y otros, realmente asusta la viralidad que puede adquirir el espíritu de linchamiento, que tiene en las redes sociales un eco hasta ahora impensable. Amalio Rey cuestiona en su última entrada "la obsesión con la imagen de España" y a mí me dejan anonadada los comentarios que "piden sangre", haciéndose eco del análisis de Jesús Encinar (el análisis, por cierto, es bastante mejor que el título. ¿Era necesario ese título?). También se compara la situación con los atentados terroristas de ETA o a Al-Qaeda. Cómo puede tener cabida semejante comparación es algo que de verdad se me escapa. Pero las resonancias la teletransportan a una a un mundo de panes y circos, de demagogias y masas manipuladas que se recrean viendo a los delincuentes lanzados a los leones mientras otros manejan los hilos.

5 comentarios:

Gorka dijo...

Muchas gracias ,Leila, por la referencia y las palabras que me dedicas. Sólo un pequeño apunte (por aquello de la precisión): el nombre del blog es Gorkarabela (todo junto). ;))) Un beso muy grande y enhorabuena por tu imponente análisis. Gorka

mariateresamartin dijo...

Me ha gustado el análisis Leila, siempre hay que pensar antes de hablar y para comentar hay que leer a las dos partes y a lo que hay detrás d ella. Gracias por colaborar en ello. Teresa

Amalio A. Rey dijo...

Leila:
Gracias por la mención. Entrando en materia, estoy de acuerdo que hay que mantener el equilibrio, y el espíritu crítico ante todo lo que oimos (o nos cuentan). Es fácil dejarse llevar por el cabreo, tan fácil como cebarse con el eslabon más débil. Lo cierto es que en esta crisis hay mucha confusión, muchos intereses ocultos y una gran opacidad. En medio de todo estamos nosotros, los que pagamos siempre.
El articulo de Encinar es exagerado, y sorprende leer los comentarios. Más que sorprende, asusta...
Vamos a tener que seguir pensando no solo en las causas, sino tambien en las consecuencias de lo que ha ocurrido...
un abrazo

Leila Nachawati Rego dijo...

Gorka, un placer tenerte por aquí y haber descubierto tu blog, aunque sea en estas circunstancias :) No dejes de pasarte a visitarme, yo ya te tengo entre mis lecturas obligadas.

María Teresa, gracias a ti también por tu curiosidad y por buscar información más allá de la oficial que nos sirven en bandeja.

Amalio, un lujo tu visita. La verdad es que con esta crisis de los controladores me vi atravesando yo misma un proceso que me pareció importante transmitir en el blog: cómo es fácil creer entender las cosas y tener identificados los culpables y las víctimas, y cómo sólo hace falta bucear un poco más para ver que las cosas raramente son tan sencillas. Como siempre, tratar de entender no es justificar ni legitimar, aunque muchas veces siente una que tiene que justificarse por querer entender las cosas y por qué suceden.

Jose Antonio dijo...

Hay una frase muy buena de Richard Florida, que dice que las sociedades estancadas son complacientes con la mediocridad, y autoritarios con los diferentes.
La actitud de los controladores es un ejemplo claro de una mediocridad que invade nuestra sociedad: falta de compromiso, egoismo, chulería, indiferencia...
Cuando te has quedado sin vacaciones la reacción más lógica es compararlos con terroristas, es una reacción emocional.
Confío que en frío, esto sirva como un ejemplo para el resto de colectivos e indivíduos mediocres de este país.
Obviamente, no creo que militarizar nada sea una solución (he "dedicado" al ejército un año de mi vida, no muy grato), pero sí tomar conciencia de que en el mundo hay metas mayores que comprarse un coche mejor.
Gran post, como siempre!