domingo, 2 de noviembre de 2008

El tabú de ser palestino

John Mc Cain , candidato republicano a la presidencia de EEUU, acusó ayer al diario Los Angeles Times de ocultar la relación de amistad entre Barack Obama y Rashid Jalidi, profesor palestino y nacionalizado estadounidense, un hecho que ha levantado gran polémica y que podría amenazar la elección de Obama en algunos estados. Jalidi, profesor Doctorado por la Universidad de Oxford en Historia Moderna, Director del Instituto de Oriente Medio de la Universidad de Columbia, Presidente del Centro Palestino de Estudios e Investigación y Director de la Revista sobre Estudios Palestinos, es un académico reputado que ha ocupado en Columbia la plaza de Edward Said, fallecido en 2003. Said, autor del ensayo “Orientalismo”, puente entre el pensamiento occidental y el oriental y uno de los intelectuales árabes con mayor credibilidad y trascendencia de la historia contemporánea, ha dejado un vacío intelectual para el que muchos defienden a Jalidi como sucesor.

Jalidi se ha labrado una consistente y aplaudida trayectoria en el ámbito académico estadounidense, obteniendo menciones honoríficas y becas de la Fundación Ford, la Fundación Woodrow Wilson, el Centro de Estudios Americanos de Egipto, y la Fundación Rockefeller. Ha escrito artículos para el New York Times, Financial Times, Boston Globe, Los Angeles Times, Chicago Tribune, y The Nation, y ha intervenido como líder de opinión en la mayoría de medios televisivos y radiofónicos estadounidenses.

Dada la trayectoria de este académico, que tanto la derecha como la izquierda de EEUU ha respetado hasta el momento, veamos entonces de qué se le acusa: De ser un ex dirigente de la OLP, de mostrarse crítico con Israel, y de ser un firme defensor de los derechos palestinos. Obama ha sido acusado de mantener con él una estrecha amistad, de no rebatir sus comentarios antiisraelíes, y de haber dejado que ejerciera de niñero de sus hijos. Mc Cain, al hilo de todas estas acusaciones, comparó la alianza de Obama con el dirigente palestino con la alianza con el nazismo, al preguntar qué sucedería si apareciesen imágenes de John Mc Cain hablando con un neonazi.

En el caso de que Rashid Jalidi fuese un ex líder de la OLP, ¿qué problema plantearía el diálogo con una organización que durante años fue admitida por EEUU como organismo representante de la población palestina e incluso tuvo allí su propia embajada? ¿Qué problema puede suponer cuando el presidente de ese mismo organismo, Yasser Arafat, pronunció un discurso en el Congreso de EEUU?


Respecto a la posibilidad de que sea un fanático anti-israelí, sería difícil justificar entonces su participación, como uno de los miembros más activos, en el Comité por el Diálogo Árabe-Israelí, que busca promover la convivencia y los puntos de encuentro entre ambos, en contraposición a otros conocidos pensadores palestinos, como Salame Kelly o George Habash, que rechazaban la idea de cualquier tipo de diálogo. El carácter moderado y dialogante de Jalidi es refrendado tanto por sus estudiantes, que han formado un grupo de apoyo a su profesor en Facebook, como por sus compañeros de profesión, e incluso el rabino Rolando Matalon, que dirige una sinagoga, ha calificado las acusaciones como “completamente absurdas, maliciosas e innecesarias”. Respecto a su defensa de los derechos palestinos, es la de cualquiera que respete el marco legal de las Naciones Unidas, que insta a Israel a retirarse de los territorios palestinos, que define como ilegalmente ocupados. En cuanto a que pueda ser ilícito el apoyo de Obama a este académico, el mismísimo International Republican Institute, que McCain presidió, concedió en los años 90 becas y fondos al Center for Palestine Research and Studies, del que Jalidi es fundador.

Lo absurdo de las descalificaciones vertidas sobre este académico, y del cuestionamiento de su relación con Obama, lleva a una sola conclusión posible: El hecho mismo de ser palestino es para ciertos sectores motivo de sospecha, y el simple diálogo de una figura política con alguien que posea esta identidad es condenable. Después de todo, los representantes de Obama han salido al paso de las acusaciones tratando de desmentir tal amistad, en vez de admitir que el hecho de ser palestino no es un delito, y que cualquier político que se precie y que desee contribuir a resolver el eterno conflicto palestino-israelí debería rodearse de asesores de ambas partes que le ayuden a conocerlo mejor.